Bicicleta perdida 8: Conexión Mojito
Publicado por camish en abril 26, 2011
Cada vez que la visitaba la ciudad, Santiago le parecía ridículamente pequeña a Doménico Bartolucci, acostumbrado como estaba a las grandes ciudades. Apenas veía nada y de repente tras unas pocas luces y tomas tierra en el aeropuerto; pero tenía que reconocer que esa intimidad le iba bien para sus planes, no quería que la policía le molestara en su visita. David Gómez le había puesto sobre aviso de que la policía estaba encima de él por un lamentable incidente y que por ello tomara medidas extraordinarias, todo estaba preparado y a su espera en el aeropuerto. Lanzó una mirada de impaciencia hacia su hija Giulia que durante los últimos minutos de vuelo se había estado maquillando concienzudamente y colocando meticulosamente el traje ceñido de cuero, al estilo motero, que llevaba puesto. Aunque no era su indumentaria habitual, ambos parecían unos moteros, era parte de las medidas; en esta ocasión no llegarían a la ciudad en coche sino en moto y debían ir acordes a su papel. Pero ahora su querida hija lo estaba retrasando.
Al bajar la escalerilla del jet privado pudo divisar una serie de figuras en la pista de aterrizaje. Su hija bajaba delante, todo contoneo de caderas y uno de ellos dio un vacilante paso al frente, era Stéfano, pero su hija pasó a su lado como si no existiera y se abalanzó sobre el mayor de los Vázquez.
-David, querido, cuánto tiempo- le decía mientras le tendía las mejillas lascivamente. El otro, apurado, efectuaba el saludo de cortesía mientras se dirigía a su padre-.
-Señor Bartolucci, tengo un mal presentimiento, creo que deberíamos irnos de inmediato- mientras decía esto, unos dobles de Doménico y su hija ocupaban el lujoso automóvil estacionado en la pista de aterrizaje-. Ellos saldrán delante por si la policía nos tiende una emboscada, iremos detrás en las motos; si las cosas se ponen feas no podrán cogernos.
Tras un pequeño viaje sin incidencias el grupo llegó al cuartel general de David, unos bloques de edificios aparentemente normales que en realidad tenían una estructura interior totalmente diferente; las plantas superiores eran la vivienda de los hermanos, en las plantas inferiores había gimnasios y zonas de entretenimiento pensadas para el disfrute de la plana mayor de la banda. Los alrededores estaban permanentemente vigilados con motivo de la visita.
-¿Por qué me has hecho decirle a David que fueran esos armenios si no habían hecho nada? No lo entiendo, y ahora David va a por mí por eso y por todo lo de la radio. ¿Ahora me quieres joder?
-Tranquilo, hay cosas que no hace falta que sepas- la fingida voz de tranquilidad no hacía efecto alguno en un Caamaño que ya se veía presa de los furiosos puños de Stéfano-. Pero por si tienes miedo, te mandaré unos días de vacaciones fuera. Es lo menos que puedo hacer. Déjame arreglarlo y en breve te aviso.
-Lo que no comprendo es que no me digas las cosas, sería más fácil que yo supiera lo que piensas hacer de vez en cuando.
-Créeme que no. Pero bueno, prepara las maletas porque mañana como muy tarde cogerás un avión.
Algo más tranquilo, Caamaño decidió hacer algo de provecho y como le había prometido hacía unos días a Raúl, le daría de baja en la academia donde preparaba las oposiciones. Lo que no contaba era encontrarse a Chenel por la calle.
-¿Y tú por aquí?
-El comisario me ha dado el resto del día libre, dice que Pardo anda muy tenso y en esos casos es mucho mejor dejarlo solo. No puse inconvenientes. ¿Qué andas haciendo?
-Pues iba hasta la academia de Raúl, a darle de baja, el psicólogo dijo que necesitaba reposo mental por una temporada. Ya sabes cómo es, no le gusta gastar tontamente…
-¿Te importa si voy contigo? Echaré un vistazo por la academia.
-Policía las veinticuatro horas, ¿no? Como quieras.
En épocas de crisis como la que estaba el país, las academias hacían su Agosto perpetuo. En un enorme y céntrico bajo que abarcaba cientos de metros cuadrados y con salidas a dos calles, los jóvenes se agolpaban en la entrada, fumando en un descanso de las clases. El lugar estaba francamente concurrido.
-Ahí tienes a tus futuros compañeros, siempre que aprueben…-Chenel no podía estar más de acuerdo con su compañero; todos parecían estar cortados por un mismo patrón, cuerpos medianamente atléticos y en muchos casos pocas luces. No podía dejar de sentir pena por la paulatina degradación del Cuerpo de Policía, donde antes sólo se presentaba gente de verdadera vocación y de entre ellos se seleccionaba a los mejores, ahora buscaban a los menos malos. Pero no tenía ganas de expresar estas cavilaciones-.
-Supongo-se limitó a decir Chenel-.
Mientras Caamaño hacía las gestiones en un mostrador Chenel observaba a los alumnos de la academia, aunque sabía que no vería nada que le llamara la atención. Una de las puertas de un aula se abrió y salió un grupo de gente, algunos intercambiaron saludos con Caamaño. Cuando éste regresaba le dijo que eran los compañeros de Raúl, que lo habían reconocido por la campaña mediática y se interesaban por él.
-A algunas les seguiría la pista en Facebook de buena gana, si tu jefe no hubiera bloqueado mi cuenta…-le dijo a modo de reproche al policía-.
Un alumno rezagado que salía de la clase llamó instantáneamente la atención de Chenel. No parecía pertenecer a ese sitio; grande y fuerte, con la cabeza afeitada y gafas parecía cualquier cosa menos un opositor.
-¡Alejandro! Me alegro de verte, ¿alguna noticia de Raúl?
-Pues en casa, reposando, no lo veréis en una temporada; de hecho he venido a tramitarle una baja temporal.
-¿No podrá estudiar?- Chenel no sabía si habría sido su imaginación o si en efecto el desconocido había hecho una levísima mueca de alegría.
-Desde luego no en una temporada.
-Una lástima, todos lo apreciamos mucho en clase.
-Tranquilo, que en unos meses volverá a dar guerra- ahora Chenel podía jurar que el gesto había sido de fastidio, tan leve como el anterior pero igual de claro a sus ojos-.
-Bueno pues no os molesto más, tengo cosas que hacer.
-Pues nada, gracias por preguntar.
Cuando se hubieron separado Chenel le preguntó a Caamaño:
-¿Conozco a ese hombre? Su cara me suena mucho.
-De vista seguro, trabaja de portero en la discoteca Liberty. Y la verdad es que se preocupa mucho por Raúl, deben de ser muy amigos.
Caamaño no lo sabía, pero en una academia no hay amigos, como mucho compañeros y en la mayoría de los casos ni siquiera eso. Cuando opositas estás buscando una vida mejor, con tranquilidad para el futuro y los que se sientan a tu lado no son ni más ni menos que rivales que debes batir en la prueba de selección si quieres tener éxito. Chenel conocía la tenacidad de Raúl en cuanto al estudio se trataba y sabía por experiencia propia que no había ningún medio de cultivo más eficaz en la academia para granjearse antipatías. Definitivamente necesitaba hablar con algún profesor de Raúl para comprobar si habían notado alguna actitud extraña estos días. Se despidió de Caamaño y volvió sus pasos hacia la academia.
Iosef Costyan estaba eligiendo su mejor fular para la reunión de esa tarde. Por fin podría reunirse con el patriarca de una de las familias más influyentes de Italia, cosa que sin duda vendría bien para su negocio. Sabía que de entrada no sería bien recibido, por el altercado en el parque de la Almáciga, pero confiaba en que le gustara el regalo que le llevaba al señor Bartolucci. Miró con suficiencia la carpeta que reposaba encima de la mesa. Sin duda le gustaría.
Lo primero que le sorprendió al paramilitar al entrar en casa de los Gómez fue lo ingenioso de su distribución interior; sin duda se habían gastado mucho dinero en la obra. Prácticamente todas las miradas que les dirigían eran de hostilidad a excepción de una atractiva mujer que lo hacía de forma curiosa. Bartolucci no se andaba con preámbulos:
-Saben que son muy osados al pedir esta cita…
-Pese a lo que pueda parecer venimos a presentarle nuestro respeto y a aclarar que a nosotros se nos ha acusado sin fundamento y acto seguido se nos ha atacado, o mejor dicho, lo han intentado; nosotros simplemente nos hemos defendido y no hemos querido llegar más allá, como muchos de los presentes pueden testificar- la mirada que dirigía Costyan a Stéfano, con un deje burlón, hizo que el éste saltara enrabietado en su dirección hasta que Bartolucci con un gesto lo detuvo en seco-. Creo que lo que hayamos hecho era algo lícito y que de ninguna forma puede representar una ofensa hacia su persona.
-¿Es todo lo que querían decirme?
-Como seguro que después del incidente estará al corriente de nuestras actividades, venimos a poner nuestros servicios a su disposición en caso de que alguna vez nos necesite; y como muestra de nuestras habilidades le traemos un regalo. Espero que le guste- en cuanto Caamanyan hizo el gesto de sacar algo del interior de la chaqueta, todos se pusieron en guardia, pero al ver que se trataba de una carpeta las facciones del italiano se relajaron. Cuando tomó en sus manos la carpeta Costyan prosiguió-. Tenemos entendido que es un apasionado del motor con intereses en Ferrari….
-¡Santa Madonna!- ahora la mirada del italiano brillaba-.
-Esquema completo del monoplaza de Red Bull, cálculos aerodinámicos, resultados del túnel de viento etc.- ahora era Caamayan el que hablaba-. Estamos seguros que con esto la situación de la escudería cambiará notablemente.
-Tengo que llamar a Montezémolo. Hoy va a ser un gran día. ¡Bebamos!
-Si me lo permiten podría deleitar a los presentes con una especialidad armenia: mojitos armenios- Costyan ya estaba totalmente relajado-.
-Me encantan los mojitos…- dijo la mujer acercándose a Costyan-.
-Pues no se hable más, señorita,- Costyan la tomó del brazo- y ahora si me indica donde está la cocina…
El inspector Pardo no apartaba la mirada de la nota que tenía en la mano. Lo habían llamado de la comisaría diciendo que recibieran un soplo importante. La nota decía ”Para el encargado de la investigación. Si quiere encontrar al culpable del robo de la bicicleta de Raúl, vaya al lavadero del Monte Pedroso a las diez de la noche.”. Eso era lo que el desconocido había dicho al teléfono. No había nombre ni había sido posible rastrear la llamada. Lo normal sería ignorar la información por la poca fiabilidad de la fuente, pero no tenía nada que perder. Una llamada a la puerta interrumpió los pensamientos del inspector; vía fax acababa de llegar una serie de imágenes sacadas de una cámara de seguridad, pese a no ser especialmente nítidas se podía apreciar perfectamente a la persona que salía en ellas: Caamaño.
Todas eran a distintas horas del día y desde el mismo lugar. El agente que las había llevado, ante la cara de sorpresa de Pardo lo informó de inmediato:
-Es la cámara de seguridad de la embajada cubana. Está en Casas Novas, al lado del Pedroso.
-Quiero que revisen todas las grabaciones desde el día del robo de la bicicleta.
-Ya lo hemos hecho, inspector- Pardo se dijo a sí mismo que los tenía bien entrenados-. El día del robo tenemos al sospechoso, de bajada, a la cinco y treinta de la madrugada- Pardo se levantó con una sonrisa triunfal-.
-Lo tenemos, quiero un dispositivo para las diez de esta noche.
-Una última cosa, señor, el sospechoso ha sacado un billete de avión a Tenerife mañana.
-No cogerá ese avión. Buen trabajo.

Vilariño escribió
Brutal Costyan y sus fulares “de hombre”, tan distintivos de su pasado como soldado de élite xDD
Amorin Uzuki escribió
Caamaño, creo que los armenios van a ser sospechosos de algo más que de robar bicicletas XD
http://www.marca.com/2011/05/24/motor/formula1/1306256395.html
camish escribió
Se nota que los jefes de Red Bull no leen el blog. No digan que no se lo avisé…