Bicicleta perdida 7: Cincuenta minutos con Malvo
Publicado por camish en marzo 30, 2011
-Para los que se hayan incorporado ahora, estamos en Cincuenta minutos con Malvo con el señor Caamaño, portavoz de las víctimas de la terrible oleada de robos que lamentablemente sacude nuestra querida ciudad, que se ha convertido, decíamos, en un sorprendente fenómeno social…
-La verdad es que no me esperaba todo esto…-la fingida humildad de Caamaño no conmovía en absoluto a un Pardo que asistía conmocionado cómo se trataba a un cantamañanas como si fuese una estrella deportiva-.
-Y sin embargo ahí están los datos…varios miles de fans en Facebook, noticias en todos los periódicos locales; imagino que esto no habrá hecho más que empezar…
-La verdad es que empecé a hacer indagaciones para ver cómo llevaba la policía el tema, y ante su pasividad quise activar algo el tema; el caso es que sólo hablaba por mi amigo Raúl, que quedó traumatizado por el asunto necesitando incluso tratamiento psicológico, pero por su continua actividad ciclista era muy famoso en esos círculos y parece que todos ellos me han tomado como su representante. Ahora hablo por todos ellos.
-¿Cuál será su siguiente paso?
-Cualquier cosa con tal de que seamos escuchados y tratados con el debido respeto.
Pardo apagó la radio. Ya había oído suficiente. ¿Representante? ¿Respeto? Ese pedante estaba a punto de sacar de sus casillas al insomne inspector. Llamó a la comisaría y pidió que le pusieran con el departamento informático. Cuando tuvo al técnico al aparato, le pidió que le realizaran a Caamaño un bloqueo informático.
-Quiero que se inutilicen inmediatamente todas sus cuentas de cualquier red social que pudiera tener. Quiero que este individuo no tenga acceso a los energúmenos que tiene por fans; y lo quiero ahora.
La intensa luz de media mañana iluminaba el parque compostelano de la Almáciga. Los tres armenios paseaban tranquilamente a la espera de la reunión concertada. El día anterior Vilaryan había sido abordado por la noche por un italiano con malas pulgas y la mención de que hablaba en nombre de los hermanos Gómez le había salvado de que el armenio le reventara las costuras de su camisa de diseño; nadie le fastidiaba una cita. Costyan miraba todos los detalles del escenario en busca de posibles lugares de emboscada o alguna vía de escape en caso de que las cosas se pusieran difíciles.
No tardaron en aparecer, parecían dos torres gemelas, esbeltas y afiladas, flanqueadas por una docena de personas; no dejó de llamarle la atención la camisa semiabierta de uno de ellos. Costyan miró de soslayo a sus compañeros y satisfecho no percibió miedo alguno; era requisito imprescindible para trabajar con él, eso y ser bueno en lo suyo. El mayor de los hermanos tomó la palabra:
-Creo que tenéis unas bicicletas que nos pertenecen. No me gusta que la gente se meta en mi territorio. Vais a devolverme la bicicleta de Raúl Vázquez, seguro que sabéis cual es, y os dejaré marchar en paz si no os vuelvo a ver por aquí.
-No tengo idea de lo que me está hablando-a Costyan no le gustaba la arrogancia de los Gómez-.
-Vamos, caballeros, sean sensatos. Si se detienen a mirar la situación con detenimiento verán que no están en posición de hacer muchas peticiones-con un gesto de su cuello abarcó al grupo de matones que traía consigo-.
-Comprendo su inquietud, pero puedo asegurarle que nosotros no somos responsables de eso. Estamos de vacaciones. Pero si se trata de una simple bicicleta díganme el modelo y nosotros le conseguiremos una totalmente nueva…
-No nos gusta que la gente se ría en nuestra cara…-el italiano de la camisa abierta ya avanzaba a grandes zancadas flanqueado por dos esbirros de tez oscura que a Costyan no le inquietaban lo más mínimo.
-Ustedes pueden ser el ejército alemán, pero este caballero- hizo un gesto con la cabeza hacia Vilaryan- será su invierno ruso.
Los flanqueadores del italiano no parecían conocer la lección gratuita de historia y se fueron a por el armenio rubio, uno a cada lado. El que iba por su lado izquierdo lanzó un puñetazo en dirección a la mejilla de Vilaryan que con asombrosa tranquilidad bloqueó primero el ataque con su brazo izquierdo, y en el mismo movimiento inmovilizó el brazo del otro. Ahora con el brazo derecho libre ejerció una presión en un punto del brazo que produjo un espantoso crujido con el que quedó claro a todos los presentes el diagnóstico sin pasar por facultad de medicina alguna: brazo roto. Ni de gimotear le dio tiempo al pobre, cayó redondo desmayado. El otro asaltante, que había frenado en seco en seco su carrera a un paso del armenio al oír el crujido, sacó una navaja del pantalón y apenas tuvo tiempo de esgrimirla porque una patada de derecha lo volvió a dejar sin arma ante una cara de estupefacción; la segunda patada, esta vez con la pierna izquierda en un ligero escorzo fue baja, al talón de la pierna de apoyo de su rival, que cayó de espaldas sin remedio en la acera al tiempo que Vilaryan se agachaba y le soltaba un puñetazo en toda la boca cuando el otro intentaba incorporarse, la cabeza le rebotó contra el pavimento en un sonido ligeramente hueco. El muchacho se retorcía y vomitaba sangre y dientes a partes casi iguales.
-Y ahora ven tú, depilado, que ya te tenía ganas desde ayer…- la cara del italiano tenía una extraña palidez-.
-No creo que sea necesario-intervino Costyan calmando a su compañero-. Parece que aquí el caballero ha tenido algún tipo de problema gástrico e intuyo que no sería un combate justo. Y con respecto al resto…-con un gesto con la mano abarcó la escena de los dos caídos-…no me digan que no se lo he avisado.
-Parecen unos hombres íntegros-todo un despliegue de hipocresía a ojos de Costyan, pero parece ser que saldrían favorecidos, por lo que dejaba hablar- y confiaré en su palabra con respecto al tema de las bicicletas.
-Espero que llame la atención a su fuente por el agravio cometido aquí hoy.
-Sin duda me replantearé mantener su confianza…
-Mucho me temo que no nos conformaremos con eso, aunque añadiré que es un gesto muy digno…-Caamanyan le susurraba algo al oído de su jefe-…parece que en breve estará de visita el ilustre Domenico Bartolucci, nos gustaría que nos presentara en reunión informal.
El vecindario estaba revuelto, las informaciones aunque contradictorias eran inquietantes y pese a diferenciarse en la forma, todas coincidían en el fondo: esa mañana hubo una pelea entre bandas, en el territorio de los Gómez y por lo menos dos de sus secuaces estaban en el hospital con heridas graves. Por eso Pardo y Chenel estaban delante de la puerta de urgencias en medio del ir y venir de las ambulancias. Como no querían llamar la atención de las enfermeras se dedicaron a deambular por los pasillos en busca de los heridos; no les costó mucho dar con ellos puesto que enseguida una algarabía de voces llamó la atención de los policías, en medio del pasillo una multitud de gitanos le estaba recriminando algo a un médico con aspecto asustado. Contra su voluntad Pardo se vio obligado a pronunciar la palabra que solía ser mágica en esta clase de lances:
-Policía-dijo al tiempo que enarbolaba la placa-, señores dispérsense inmediatamente si no quieren acabar en comisaría.
No hizo falta decir más, en un abrir y cerrar de ojos todos se esfumaron por miedo a ser apresados, seguramente la mayoría tenía antecedentes penales.
-Se lo agradezco-el médico parecía realmente aliviado. Se estaban empezando a poner violentos…
-No se preocupe, es normal cuando hablamos de la gente de esta minoría étnica, en cuanto le pasa algo a uno viene toda la familia…y son muchos. En este caso la palabra mágica siempre es “policía”. Ya lo ha visto. Me preguntaba si podría hablar con los heridos…
-No estamos en horario de visitas pero…en agradecimiento haré la vista gorda, pero ya le anticipo que uno de ellos no podrá articular palabra; tiene la boca destrozada.
La habitación estaba en penumbra y con ello se acentuaba el contraste entre la piel morena del muchacho y la blancura de las sábanas. Tumbado, con un brazo en cabestrillo y el otro con una vía de medicación estaba Maikel, uno de los gitanos más peligrosos de la Almáciga y hombre de confianza de “Peito lareira”.
-Hola Maikel, por lo que se ve no estás en tu mejor momento…
-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Mi brazo…me cago en su raza…
-¿Quién te hizo esto?
-Un payo…me cago en su raza…voy a rajar al payo, lo voy a rajar y se lo voy a dar de comer al perro del Joe ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!
En la cama de al lado estaba Joe, o lo que quedaba de él, puesto que el aparatoso vendaje que tenía en la boca le tapaba casi por completo la cara. Estaba sedado.
-¿Quién te lo hizo?-insistía Pardo.
-El payo rubio, ese armenio ¡lo reviento!
-¿Por qué os habéis reunido con los armenios?
-Porque si alguien se mete con los hermanos yo lo rajo…
-¿Y tus compañeros los rajaron después?
-No me acuerdo, cuando desperté ya no estaban, los muy hijos de puta…pero mañana…-Maikel quedó repentinamente callado. Pardo que ya sabía lo que venía, se acercó a la cama y le propinó un golpe seco en la escayola.
-¡Me cago en tu raza! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!-Maikel empezó a patalear de dolor, el inspector lo agarró del cuello.
-Tienes tres segundos para decirme lo que pasa mañana antes de que empiece a darte golpes en el brazo, te vas a acordar de mí.
-Vale, vale. Viene el italiano importante ese. No me cuentan más.
Alberto tenía el día libre y estaba en su casa jugando a la consola, un partido al pro evolution soccer contra un Caamaño que achuchaba pero la defensa italiana de Alberto era infranqueable. Ahora salía el camarero en una peligrosa contra que atajaba Caamaño con una falta en medio campo, era ya tiempo de descuento y el 0-0 parecía seguro. Sólo un hombre en el área era el resultado de la racanería del fútbol de Alberto.
-Ésta va para dentro…
El centrocampista lanza una mortífera parábola y en medio de cinco rivales el delantero italiano se eleva sin dificultad dentro del área y cabecea al fondo de la red.
-¡Me cago en el puto Vieri!-la sonrisa de suficiencia de Alberto era su respuesta.
Un portazo en la entrada interrumpió los lamentos de Caamaño; David entró como un ciclón y sin más preámbulo agarró violentamente por la oreja a Caamaño y lo sacó a rastras de la habitación ante la estupefacción de un Alberto que sabía que a su primo enfadado no se le podía molestar.
-Así que fueran los armenios los que robaran la bici, ¿no? Debería partirte la cara yo mismo o mejor, dejar que fuera Stéfano, que no le faltan ganas…
-Pero no puede ser, la fuente dijo…
-Yo me cago en tu puta fuente-le atajó David-. ¿Sabes la que se ha montado? Maikel y Joe fuera de la circulación y Stéfano humillado. Por no mencionar que con el altercado se llenará esto de policía. Y ahora te dedicas a hacer tonterías que cabrean más a la policía…
-Pero eso no tiene sentido, sabes que la fuente nunca había fallado…y yo quiero ayudar…
-Ya te lo advierto, otra cagada y le lanzo a los perros.

Amorín escribió
Genial como siempre Caamaño!
Cuando llevemos al cine esta espectacular historia Sergio va a tener que currarse las escenas de acción, se lo estás poniendo complicado XD
Menuda lucha de clanes, saltaron chispas en la Almáciga XD
camish escribió
Chispas y dientes…XD
Vilariño escribió
Brutal capítulo xDD