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Archivo de Octubre 2009

La leyenda del conde Camish

Publicado por acvedo en Octubre 12, 2009

Conde

Más terrorífica que Maradona de seleccionador

Cuenta la leyenda que entre las frías y angostas calles de la antigua Compostela algo pasaba al caer las noches de los viernes. Sombras que se dicen, se perdían entre los estrechos callejones y las afiladas torres de la catedral compostelana. Los mercantes que acudían a la ciudad contaban historias sobre lo que ocurría ciertas noches en las que hasta la luna parecía esconderse detrás de una tenebrosa niebla. Las historias hablaban de los extraños encuentros que habían sufrido ciertas damas de la capital gallega. Misteriosas desapariciones, comportamientos extraños, música de Marc Knopfler. Algo había oculto detrás de los murmullos de aquellas gentes, algo que quizás no se atrevían a creerse. Lo único claro en aquellas extrañas apariciones eran los restos que se podían encontrar al amanecer del día siguiente al acaecimiento de los hechos. Aquellos encuentros dejaban tras de si un rastro de vestidos forzados, camisas rajadas violentamente, elásticos rotos y ciertas prendas de lencería femenina desperdigadas por las mojadas calles del casco antiguo de la ciudad. Pero nadie en los alrededores quería hablar del extraño ser que, presuntamente, se aparecía sólo a jóvenes muchachas en edad de parecer. Las aterrorizadas mujercitas eran encerradas en el sótano o en lúgubres  estancias por sus familiares, ocultándolas al mundo como si de crueles criminales o perversas criaturas se tratase. Se dice que al cabo de unos días de tener el desdichado encuentro, las jóvenes empezaban a sufrir convulsiones, a desvariar y a hablar en extrañas lenguas muertas que sólo Emilio podría entender. La tez de su cara se volvía cada vez más blanca, los ojos parecían salir de sus órbitas y sus pechos aumentaban en grosor y tamaño. Poco podían decir las acongojadas chicas entre delirio y delirio, apenas acertaban a hablar sobre un monje oscuro que se aparecía junto a la Catedral o sobre un banco mágico en la alameda donde, al parecer, el extraño ser las, digamos, succionaba, el alma no precisamente. Las desventuradas muchachas se limitaban a suplicar el resto del tiempo que no las colgaran al Tuenti, ya que el conde de los Laureles les robaría, el alma no precisamente. Aún así, fuere al Tuenti o al Facebook, las pobres chicas eran colgadas y su rastro se perdía para siempre. Pero, ¿Quién era aquel conde que se ocultaba en sus silencios? ¿Quién era el Conde de los Laureles?

Se dice de tan oscuro personaje que vagaba solo por el Retablo y sólo se le podía ver de noche, ya que al nacer el día, a medida que el sol se asomaba por el horizonte y dejaba posar sus suaves rayos, el siniestro conde dejaba la ciudad para adentrarse en el Pedroso, normalmente acompañado por alguna de sus víctimas. Amanecido el día, ya nadie podía encontrarle. Solamente, bien entrada la mañana, era encontrada su víctima, que solía aparecer fatigada, atemorizada y misteriosamente, sin sostén. La policía cuenta que en esa situación, la pobre chica que hubiera sufrido tal infortunio la noche anterior no podía parar de repetir a la mañana “Otra de Knopfler no, otra de Knopfler no, ponme a Baute o a Coti, pero otra no”. Terrorífico. Después, como ya dijimos, las chicas eran encerradas, ocultas para evitar la vergüenza o encerradas para impedir que la atracción que tenían por el conde se desbocara. En principio se intentó exorcizarlas, pero ante el fracaso de esta opción fueron colgadas en Tuenti, donde el conde las embaucaría para siempre. Ahora muchas de ellas son damiselas de la corte del Conde Camish.

La gente rehuía de cualquier comentario sobre el conde de los Laureles, como si el mero hecho de pronunciar su nombre acarrease una maldición de la que no poder librarse. Nadie se atreve, desde entonces, a preguntar por aquella misteriosa figura, el llamado conde Camish.

Nuestro acceso a documentos clasificados por el CESID como de alto secreto nos desveló que en su día se quiso atraparle, pero una vez más el destino fue cruel con los aventurados captores.

Se formó un grupo especial con parte de sus allegados, alguno de los mejores hombres de la marcha compostelana liderados por él, ella, bueno eso… El pollo que quería ser patata frita, la ex-amiga de su última víctima conocida, “la mujer que se pasó con los porros y debería seguir con ellos”. El grupo estaba formado por:

José Miguel Pardo “Caracas”: El primer desaparecido, el que fuera en otrora el spiderman nocturno, el azote de Apolo. Una noche los empleados de limpieza, tan acostumbrados a sus inoportunas fechorías, dejaron misteriosamente de sufrirlas. Se dice que por influencia de su novia cambió el vandalismo callejero por el cuidado y paseo de perros. De la noche a la mañana desapareció, como lo hace el conde. ¿No será acaso su novia una damisela del conde?

Juan Ruiz “el Francés”: Los medios dicen que fue expulsado a Barcelona por el conde, para que le informara de las alineaciones de Guardiola. Está desaparecido.

Daniel Acevedo, “el Ase”: Exiliado a una isla perdida en el Atlántico, el Conde le robó parte de su alma y paso a ser Dani. Aunque también oficialmente desaparecido, ciertas noches aparece en el Finlandón, donde bebe todo lo que puede para poder seguir saciando su sed, después de que el conde le convirtiera en un alma caída.

Alberto Vázquez, “el Químico”: Fue expulsado a Inglaterra por el Conde, donde sigue con sus investigaciones… Una década más. Convirtió al conde en experto arrancasostenes, junto con el Ase.

Lauriña, alias “Aarrrrrrrrgggggg” El  pollo que quería ser patata frita: Era un escollo entre el conde y su ansiada víctima. Desaparecido/a, para fortuna de todos.

Todavía hoy en las noches de los viernes compostelanos, esa sombra sigue recorriendo la zona vieja, se adentra en el Retablo y sube y baja en busca de su víctima, danzando entre las luces de neón. Ahora mismo tiene sólo una víctima en su mira, pero la siguiente podrías ser tú. Nunca salgas del Maycar…

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