Viernes, 29 de Junio 2007
Una cena de trabajo, puro formalismo ceremonial. “C” probaba la comida y la retenía en el paladar, aquel filete estaba muy bueno, era su objeto de deseo, pero el pobre “C” no era consciente de que él también estaba siendo objeto de deseo. Al otro lado de la mesa, enfrente suya una polaca pretendía disimular su deseo, pero los gestos con el tenedor y ese terrible nerviosismo, la mesa se estrechaba cada vez más y las distancias con “C” se hacían cortas, demasiado cortas. “C” no era ajeno a la situación, y cuando llegó la hora del postre el apetito ya no le salía del estómago, sino más bien de algo que tenía más abajo. Al acabar la cena la polaca ya no pudo soportarlo más:

